| “Hablamos de una anécdota
que corre
por la ciudad, con todos los visos de certeza, sobre la
construcción de
la casa que queda frente á la Iglesia visitada, y desde luego
llama la
atención la fachada y resto de construcción de aquella
que hacen
advertir perteneció su dueño á desahogada
posición pecuniaria. La
anécdota ó cuentecillo nos esplica esa diferencia con las
demás casas
del bárrio, y el por qué se la conoce por “la casa del
faldón”. Hé aquí
la historieta: En una de las grandes festividades que se celebraban en la ciudad, concurrieron los miembros del Ayuntamiento y entre ellos un regidor español y un alcalde indio, ambos vestidos con casacas bordadas y á cual mejor uniformados, porque los dos pertenecían á la clase bien acomodada de la población; sucedió que el alcalde quiso ocupar en la comitiva el lugar que le correspondía, y al pasar por delante del regidor, creyendo que este iba a quitarle el sitio de preferencia, dió tan fuerte estirón á la casaca del alcalde que la rompió, quedándose en la mano con el faldón, que fue la parte que pudo su mano alcanzar al paso del alcalde. El pleito que se promovió con palabras en aquel momento, se convirtió al siguiente día en formal litigio, que duró algunos meses y que por fallo definitivo, confirmado por la Real Audiencia, el regidor español fue sentenciado á vivir en los suburbios de la ciudad y á indemnizar al alcalde, de su casaca rota y de los gastos del juicio. El rejidor español hizo construir entonces, frente á la iglesia de San Sebastián, la casa que habitó hasta su muerte que desde entónces se la bautizó con el nombre de “la casa del faldón”, y es la que hemos dado a conocer al viajero”. |